¿A dónde voy yo ahora con cincuenta años?

Son las 8:45 h., acabo de desembarcar del AVE en Atocha, y la intensidad de la mañana en una estación como ésta, con su ir y venir de pasajeros apresurados, me impide imaginar lo que, minutos más tarde, se convierte en la reflexión de este post. Así, mientras camino por el andén en dirección a la salida de la estación, observo un cartel publicitario que llama mi atención. En él, una conocida empresa de trabajo temporal anuncia -con foto del modelo incluido-, su apuesta por la experiencia de un buen senior para darle una oportunidad en el mundo laboral. Me quedo gratamente asombrado, pues no sé si se trata de una estrategia relacionada con la RSC, o verdaderamente se quiere aprovechar el valor de este tipo de profesionales de mayor edad. Ni que decir tiene que el senior de la imagen publicitaria -a pesar de su pelo blanco-, parece un verdadero pipiolo si se le compara con muchos de los que en ese momento atraviesan el hall de la estación para dirigirse a sus puestos de trabajo.
comercial senior takealeap ventas

En este punto, y a modo de reflexión, me gustaría compartir con vosotros algunas inquietudes con respecto al ámbito laboral de los profesionales senior.

Dentro de un mes cumplo 48 años. Es cierto que no me importa estar ya cerca de los 50, pues como el buen vino, creo que voy mejorando con los años… Mi cabello cano me delata, pero pienso que aún me quedan un par de años de cuarentón antes de llegar a la fatídica edad innombrable… Rondar la cincuentena parece que sea una verdadera desgracia en el contexto laboral, o al menos, eso es lo que muchos piensan. No comprendo cómo se puede pensar que alguien con una cierta edad, pueda ser “inválido” para cualquier desempeño profesional dentro de la empresa, cuanto menos, en el ámbito del marketing y las ventas.

No cabe duda que mi formación y experiencia en el ámbito comercial, especialmente en sectores de alto nivel competitivo, han ido fraguando mi preparación a lo largo de casi 30 años. Una prolongada trayectoria profesional que se ha ido consolidando con trabajo, esfuerzo y experiencias, pero también, y muy especialmente, con la madurez personal que sólo otorga la edad y el paso del tiempo. De ahí que la capacidad analítica del entorno y el acierto en la toma de decisiones sea cada vez mayor.

Nosotros, los de cuarenta, cincuenta y más, somos capaces de asumir responsabilidades, y nuestra necesidad de tener estabilidad hace que seamos más leales a los objetivos de la empresa. Controlamos mejor las emociones, lo que nos convierte en excelentes interlocutores en los procesos de negociación, y añadimos fiabilidad en la toma de decisiones complejas.

Esa sensación de saber qué se quiere a estas alturas de la vida te hace pisar firme en el mundo de la empresa, y te permite generar confianza, no sólo en ti mismo, sino también en los demás.

Pero, los senior aún podemos seguir sumando más puntos a favor: un profesional de larga trayectoria, curtido, experto, paciente, y con la serenidad que sólo aporta la madurez, es quien mejor sabe tratar con el cliente y establecer una comunicación fluida para lograr los objetivos asignados.

Además, los empleados senior no necesitan muchas indicaciones para hacer bien su trabajo y, de hecho, pueden traer consigo mejoras que pueden implementarse, logrando que el nivel organizativo y técnico general ascienda, con el consiguiente beneficio para el conjunto de los departamentos.

Sin embargo, parece que la realidad del mundo laboral es otra: el mercado demanda juventud porque piensa que aporta más ilusión y vitalidad, capacidad de adaptación y de aprendizaje, reducción de cargas familiares (y obligaciones) y, por supuesto, un sueldo menor, pero nada más lejos de la realidad.

Soy de los que piensa que también hay que dar oportunidades a la gente que empieza. Además, es necesario incorporar esa “savia nueva” al sistema circulatorio de las empresas para que éstas puedan actualizarse y renovarse, para que sean capaces de ir formando a los nuevos profesionales que en unos cuantos años asumirán las decisiones en los negocios. Pero, ¿qué ocurre con nosotros?

Durante los últimos años, en plena crisis, se aprovechó también, para “sanear” -digámoslo así-, a un número indecente de profesionales con amplia experiencia, buscando de esta manera, sobre todo, ahorrar sueldos a costa de los que tenían más antigüedad en la empresa. Este proceso de precarización laboral -que al sustituirlos por personal más joven e inexperto sólo buscaba garantizar la propia supervivencia de los proyectos-, ahora se torna en desventaja competitiva.

paro registrado enero 2017

¿De verdad las empresas pueden dejar perder todo este talento?

Para seguir destacando el talento y el valor de la figura de los senior, no puedo dejar de referirme a una experiencia personal que evidencia claramente la reflexión que quiero compartir en este post.

Hace unos meses, uno de nuestros clientes -de peso considerable en el ámbito empresarial-, solicitó nuestro servicio de consultoría para diseñar e implementar un departamento comercial que explotase su enorme potencial como prestador de servicios a las Pyme’s (y del que carecía hasta ese momento). El trabajo consistía en la definición de un Plan de Comercialización que sentaría las bases de las operaciones del departamento. Además, incluía un periodo de inicio con un Director Comercial Interim en el propio cliente para ayudar al lanzamiento de la actividad comercial, así como la definición y seguimiento de los primeros KPI’s del negocio.

Después de un arduo trabajo de consultoría, y llegados a la fase de implantación, estuvimos barajando varios candidatos para que asumieran la dirección del proyecto. Finalmente, elegimos a uno de ellos que, con la edad de 61 años, consideramos parecía tener las mejores condiciones para asumir la responsabilidad. En un primer momento, el cliente mostró dudas al respecto de nuestra elección, precisamente por pensar que le faltaría energía y capacidad de adaptación al entorno cambiante de su sector. Sin embargo, transcurridos unos meses, pudo comprobar la profesionalidad, dedicación y lealtad con el proyecto que el senior demostró y sigue demostrando, y que superaron ampliamente sus expectativas. Actualmente, los resultados y capacidad de trabajo de esta persona son sólo un ejemplo de los muchos que día a día nos impulsan a seguir apostando por profesionales de larga trayectoria.

Sin duda, la vida profesional existe después de la cuarentena, pues en muchos casos se trata de grandes profesionales cuyo talento y experiencia tienen un coste relativo, incluso mínimo si se tiene en cuenta el retorno que pueden generar a la empresa. Dejemos de condenarlos al ostracismo. Nadie en su sano juicio debería desmerecer todo su valor.

 

1 comentario en “¿A dónde voy yo ahora con cincuenta años?”

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